En el sur de Chile hay hombres que solo se atreven a ser quienes son con la puerta cerrada. Sus hogares, en medio de volcanes, lagos y humedales, son un refugio del frío, pero también del qué dirán. Solo en sus casas se atreven a amar a personas del mismo sexo.
En Chile, la primera marcha de diversidad sexual se efectuó en 1973, en la Plaza de Armas de Santiago. Aquí en Puerto Montt, sucedió el 2011. Esta brecha temporal me llevó a pensar que es la misma que se vive en términos de expresión de género en el sur de Chile. Grinder o Tinder no muestran rostros y viajar a Santiago es ir a Berlín. Allá homosexuales orgullosos se expresan en la calle y las leyes de matrimonio igualitario se aprueban. Aquí en el sur solo los pastizales, miradores y hasta baños de terminal de buses, son testigos de encuentros ocultos.
Este proyecto busca develar un estudio etnográfico sobre la identidad y expresión homosexual en el sur de Chile, con más de una treintenia testimonios de hombres adentro o fuera del closet, fotografiados en sus espacios íntimos, iluminando así, parte de la oscuridad impuesta.